Las rutas de la tierra serían aquellas que atraviesan las tierras por excelencia, ya que así se llaman: Tierra de Campos, Tierra del Pan, Tierra del Vino. Valles y campiñas de la franja oriental de la provincia cuyos nombres nos recuerdan los abiertos campos de labor y los frutos primordiales del esfuerzo humano tradicional en esta zona.
Los enclaves de Benavente y Toro juegan un papel estratégico en estos itinerarios. Y entre ellos destaca, por su fuerte presencia histórica, el que sigue la Ruta de la Plata, aquella vieja calzada romana que el emperador Tiberio mandó construir para enlazar Astúrica Augusta (Astorga) con Emérita (Mérida), el gran núcleo viario de la Hispania romana

AL NORTE DEL DUERO

En la zona este de la provincia de Zamora, entre el Esla y el Duero, se extienden las llamadas Tierra del Pan y Tierra de Campos, compartida ésta con Palencia y Valladolid.



Se sale de Zamora por la N-630, carretera paralela a la Vía de la Plata que en la Edad Media fue cañada real ganadera. A unos 30 km., sale una desviación hacia la Granja de Moreruela, perteneciente ya a la Diócesis de Astorga, donde se yerguen, solitarias, las ruinas del espectacular Monasterio cisterciense de Moreruela; hoy sólo quedan vestigios de lo que fue una de las mejores muestras del arte tardorrománico. El monasterio comenzó su expansión económica y su remodelación constructiva al integrarse en la Orden del Císter a mediados del s. XII, pero de aquel esplendor sólo ha llegado hasta nosotros la magnífica cabecera de su iglesia con siete absidiolos. Volviendo a la N-630, a 2 km. sale a la derecha la desviación hacia las LAGUNAS DE VILLAFÁFILA. Reserva natural desde 1968 con sus más de 30.000 ha., las lagunas, que experimentan fuertes variaciones estacionales, albergan una de las mayores y diversas muestras de aves acuáticas y esteparias: ánades, ánsares, gansos... y, sobre todo, avutardas de las que Villafáfila se considera una de las mayores reservas de Europa. Las aves migratorias llegan con las lluvias de otoño, huyendo de los fríos del norte de Europa, y muchas permanecen aquí durante el invierno, dirigiéndose otras hacia Doñana. La reserva cuenta con un centro de interpretación de la naturaleza que facilita la adecuada contemplación de las aves.
Otro de los atractivos de Tierra de Campos son sus característicos palomares de adobe y tapial que en otras épocas tuvieron un significativo papel económico. En Villafáfila existe un centro de investigación dedicado a ellos. Si se desea conocer algunas muestras de esta atractiva arquitectura popular, se puede hacer un pequeño recorrido, desde la propia Villafáfila a los pueblos cercanos de SARIEGOS y VILLARRÍN DE CAMPOS.
De Villafáfila se vuelve a tomar la N-630 en dirección Benavente. Una opción para los interesados en el arte barroco sería, desde Santovenia, desviarse a BRETO, cuya iglesia de la Asunción posee una interesante colección de retablos de este estilo.

BENAVENTE. Situado en la confluencia del Órbigo y del Esla, a 700 m. de altitud, está rodeada por una rica comarca agrícola y ganadera. Es la antigua "Interamia" romana y la "Malgrad" medieval. Tiene su máximo esplendor entre los siglos XIII al XV y a ellos pertenecen sus más importantes monumentos: Santa María del Azogue, con sus dos portadas románicas y cinco ábsides, influenciada quizás por Moreruela; la también románica San Juan del Mercado, que se completó en el siglo XV en arte gótico, y en la que destaca su pórtico y la variada imaginería del interior; el renacentista Hospital de la Piedad, hoy residencia de ancianos, fundado por el Conde de Benavente para amparo de los peregrinos jacobeos; el Castillo - Palacio de la Mota, también de los Condes de Benavente.
De su antiguo esplendor sólo queda la torre de caracol, incorporada hoy al Parador de Turismo, y ennoblecida por el magnífico artesonado mudéjar trasladado del santuario de San Román del Valle.
Desde Benavente, puede tomarse la A-52 para dirigirse, siguiendo el río Tera, a la zona de Sanabria, perteneciente a la Diócesis de Astorga, o por la A-6, continuar hasta Villalpando, atravesando la Tierra de Campos salpicada de palomares, alguna de cuyas mejores muestras se encuentran en CERECINOS o en la propia VILLALPANDO.
SANABRIA ofrece al viajero un importante conjunto de monumentos y un entorno paisajístico de primer orden presidido por el espléndido Parque Natural del Lago de Sanabria. Hasta llegar a su capital, Puebla de Sanabria, se puede visitar, a 32 km. de Benavente, la iglesia románica de Santa Marta de Tera. Por su parte PUEBLA, dominada por el castillo de los Condes de Benavente (s. XV), constituye un atractivo conjunto monumental de empinadas calles y casas señoriales blasonadas. No lejos del lago, por una sinuosa carretera, se llega al monasterio de San Martín de Castañeda.
VILLALPANDO es la capital de la Tierra de Campos zamorana. Situada a orillas del Valderaduey, contaba con una poderosa muralla medieval de la que quedan algunos torreones primitivos y dos magníficas puertas: la de Santiago y la de San Andrés, esta última remodelada en el s. XVI añadiéndosele dos cubos y decoración heráldica. Fue señorío de los Velasco, Condestables de Castilla, (el más alto cargo militar castellano), quienes levantaron un grandioso palacio-fortaleza del que se conservan algunos muros. Entre los monumentos de la villa destacan las dos iglesias mudéjares de San Nicolás y San Pedro, ambas del s. XII con modificaciones del s. XVI. La de San Pedro alberga la Capilla funeraria de los Castañones. Sobresalen también los restos de Santa María la Antigua (s. XII) y su Plaza Mayor porticada que mantiene el aire de las plazas castellanas, testigo de fiestas, procesiones, desfiles de Semana Santa...
Desde Villalpando se recomienda a los amantes del arte visitar: VILLAMAYOR DE CAMPOS, en cuya iglesia parroquial pueden admirar una hermosa cubrición mudéjar; VILLAR DE FALLAVES, que cuenta en su iglesia con una espectacular portada gótico-isabelina y CASTROVERDE DE CAMPOS, con dos interesantes artesonados, mudéjar uno y otro renacentista, en su iglesia de Santa María del Río.

AL SUR DEL DUERO

Saliendo de Zamora por la N-630, se recorre la Tierra del Vino, famosa por sus caldos y bodegas. Su núcleo principal es Toro, reciente potencia vitivinícola, a cuyo significado histórico y artístico nos referiremos en las "Rutas del Aire". La primera parada será en MORALES DEL VINO, donde se encuentra la iglesia parroquial de la Asunción. Su fachada norte es uno de los escasos ejemplos de estilo plateresco de la provincia. Guarda en su interior notables obras entre las que cabe destacar el retablo mayor de Juan de Montejo, obra manierista del s. XVI. Ya fuera del pueblo, rodeada de una pradera arbolada, se encuentra la ermita del Cristo, del s. XVIII, ermita de gran devoción, con retablo barroco e imagen de Cristo crucificado del s. XIV.



En la N- 630, existe una pequeña desviación hacia EL PERDIGÓN. En su iglesia parroquial, destaca la capilla funeraria del s. XVI con bello retablo hispanoflamenco y sepulcro plateresco. Son muy características las bodegas subterráneas, convertidas algunas en mesones.
CORRALES DEL VINO. Su iglesia de la Magdalena, edificada en distintos estilos, es una de las más grandes de la provincia. En el interior, una imagen románica de mediados del s. XII y dos Cristos de los siglos XIV y XV.
En Cubo del Vino sale la comarcal C-621, con dirección a Fuentesaúco. FUENTESAÚCO. Centro de la comarca de la Guareña, es conocido por sus reputados garbanzos, con denominación de origen. Tiene una interesante plaza mayor, en gran parte porticada, y casas blasonadas que manifiestan su importancia ya en el pasado. Sus dos iglesias más importantes son las de Santa María y San Juan Bautista.
Volviendo a Zamora por la N-605, se llega a CASASECA DE LAS CHANAS, con iglesia parroquial de finales del gótico, en la que sobresale su gran retablo manierista que recuerda al de la catedral de Astorga.
ARCENILLAS. Su iglesia de la Asunción es de los siglos XV y XVI. En su pequeño museo se encuentra habitualmente el magnífico conjunto de 11 tablas procedentes del antiguo retablo mayor de la catedral de Zamora, hoy expuesto en "Las Edades del Hombre". Su autor, Fernando Gallego, uno de los pintores hispanoflamencos más destacados del s. XV, desarrolló su obra fundamentalmente en Castilla y León.