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El aire, que rodea al hombre y lo penetra; el aire, que existe pero no se puede ver, ha sido tradicionalmente para los cristianos una imagen de Dios. Les recordaba a ese Dios invisible cuya bondad percibían pero cuya belleza sólo podían imaginar y aproximarse a ella creando espacios, imágenes, escritos, objetos hermosos que la reflejaran aunque pálidamente.
Aire y belleza están así relacionados. Y las rutas del aire serán las que se acercan a aquellos lugares en que la belleza parece concentrarse, ganar en presencia. Lugares con especial densidad histórica, como Toro o Zamora, en los que el tiempo ha venido acumulando las más hermosas obras de arte. Hoy podemos contemplarlas como los testigos de unas épocas en las que los creyentes dedicaban a Dios lo mejor que sus manos eran capaces de crear.
TORO
Situada sobre una atalaya que controla a sus pies el paso del Duero por un puente románico, es una población con importante significado histórico-artístico. Ciudad amurallada, sirvió como baluarte defensivo de la línea del Duero en época musulmana. Fue sede real y capital de un extenso territorio que llegaba hasta Carrión de los Condes en Palencia y hasta Reinosa en Cantabria. En Toro fueron coronados reyes como Fernando III el Santo, proclamado rey de León, y fue última morada de reinas: Beatriz de Suabia, esposa de Fernando III el Santo, su nieta Dª Berenguela y Dª Beatriz de Portugal. Asimismo fue sede de Cortes, como las trascendentales que convocó Fernando el Católico en 1505, y destierro de nobles como el Conde Duque de Olivares. De todos los acontecimientos históricos acaecidos en esta ciudad han quedado patentes huellas en murallas, palacios, iglesias, conventos, monasterios, etc... y el conjunto de ellos y su disposición en la villa reflejan el predominio ejercido durante siglos por la aristocracia y el clero secular y regular.
La ciudad estuvo rodeada por dos cinturones de murallas: uno del s. X, cuyos escasos restos están hoy integrados en la población; otro del s. XIII, que ceñía gran parte de lo que es hoy Toro. De este último solo existen hoy dos puertas: la de la Corredera y la de Santa Catalina.
Cerca de esta última se ha colocado un "verraco" de piedra, huella de la población celtibérica que ocupó amplias zonas de Castilla y de León en la Edad Antigua. Toro está declarada de interés turístico y Conjunto Monumental Histórico-Artístico.
Si se entra en la villa por la puerta de la Corredera, siguiendo la calle del mismo nombre, y se tuerce a la derecha hacia la Plaza de la Paja, ahí se encuentra la iglesia de San Sebastián de los Caballeros. En ella se guardan, en arpilleras, unas importantísimas pinturas murales del s. XV, procedentes del Monasterio de Santa Clara, que tuvieron en su origen una función estética y religiosa: decorar los muros conventuales e incitar a la devoción. Excepcionalmente fueron pintadas por una mujer; conocemos su nombre porque firmó su obra -"Teresa Dieç me fecit"- cosa poco habitual en la época.
Desde la Plaza de la Paja, camino de la Colegiata, se pasa por el Arco del Postigo y por la Torre del Reloj, ambas puertas de la muralla del s. X, aunque sobre la última se construyó en el s. XVIII la torre que hoy vemos.
Atravesando la Puerta del Reloj se enfila la calle de la Puerta del Mercado, que con la Plaza Mayor forman el centro neurálgico de la villa. En la plaza se encuentran el Ayuntamiento y la iglesia del Santo Sepulcro, templo mudéjar del s. XIII.
Desde la Plaza Mayor puede avistarse ya el edificio más importante de Toro, la Colegiata, pero vale la pena que nos desviemos antes hacia la izquierda para llegar a la iglesia de San Lorenzo por la calle de su nombre. De estilo mudéjar del s. XIII, posee en su interior un importante retablo mayor, atribuido a Fernando Gallego, y dos obras mudéjares: una tribuna policromada y unos sepulcros.
La Colegiata de Santa María es como una pequeña catedral y estuvo dotada de abad y cabildo. Fue construida en dos etapas entre los siglos XII y XIII, que se manifiestan tanto en los materiales como en los estilos artísticos; comenzada en el románico, fue concluida en el gótico. En el exterior, con su triple cabecera, presenta el aspecto típico del románico zamorano, y, entre la armonía de sus volúmenes, destaca su enorme y bellísimo cimborrio de influencia bizantina, similar al de Zamora y al de la catedral vieja de Salamanca. De sus portadas hay que resaltar la del norte, de finales del románico, con arquivoltas, la primera de las cuales es polilobulada y la última con ancianos tañedores de instrumentos, muy interesante para un estudio etnográfico de la Música. La magnífica y recién restaurada portada occidental, conocida como Portal de la Majestad, ha conservado muy bien su policromía, ya que se utilizó como retablo de una capilla adjunta. Dedicada a la Coronación de la Virgen, tiene como detalle curioso un terrible repertorio de castigos que tras el Juicio Final sufren los condenados.
El interior del templo tiene tres naves con cubriciones de ojivas y, en el crucero, es espectacular su cimborrio. Interesantes también son la Anunciación en piedra de finales del s. XIII, así como el pequeño museo que existe en la sacristía, en el que hay que destacar un calvario de marfil renacentista y especialmente el magnífico cuadro hispanoflamenco de la "Virgen de la Mosca", temporalmente incluido en la exposición de "Las Edades del Hombre".
Tras la Colegiata se abre una espléndida vista sobre el Duero, su puente románico de 22 arcos y la fértil campiña toresana. Un recorrido por el Espolón nos acerca hacia su Alcázar. Bastante más alejada se encuentra la ermita del Cristo de las Batallas, del s. XIII, de arte mudéjar; en el interior son dignas de visitar sus pinturas murales.
Si desde este mirador sobre el Duero nos dirigimos hacia la derecha, podemos visitar la iglesia del Salvador y el Monasterio de Sancti Spiritu. La iglesia del Salvador, mudéjar del s. XIII, perteneció a la Orden del Temple. Fue declarada Monumento Nacional en 1929. Merece la pena entrar para visitar su museo de escultura medieval. En el Monasterio de Sancti Spiritu hay que destacar la iglesia, el claustro y, sobre todo, el bello sepulcro mausoleo de Dª Beatriz de Portugal, esposa del rey castellano Juan I. Está realizado en alabastro y pertenece al estilo gótico del s. XIV.
Desde Toro, podemos seguir la C-519 hacia Villavendimio y, a 6 km., tomar la desviación hacia VILLALONSO. Hasta el s. XIX fue cabeza del condado de su nombre, que recayó sobre la poderosa familia de los Ulloa de Toro. El principal atractivo es su castillo, que fue mandado construir en el s. XV por Juan de Ulloa, noble que apoyó a la Beltraneja en su enfrentamiento con Isabel la Católica por el trono de Castilla, y que murió en su defensa. Es de planta cuadrada, con cuatro cubos en los ángulos. En el lado norte, la majestuosa torre del homenaje almenada. La iglesia parroquial de San Martín es del s. XVI, con cubierta mudéjar, destacando la armadura ochavada de la capilla mayor, en la que hay un retablo romanista de la misma época.
Saliendo de Villalonso, se toma la dirección de VEZDEMARBÁN, a 8 km. En su armoniosa iglesia de Sta María de la Cuesta (s. XVIII) se puede admirar la preciosa imagen románica que da nombre a la parroquia.
Asimismo Vezdemarbán ofrece otros atractivos, como visitar los antiguos telares de sargas, todavía hoy en funcionamiento, o acercarse a su fábrica de chocolates.
Desde Toro, y ya camino de Zamora, por la N-122 tenemos la opción de desviarnos hacia CORESES y MOLACILLOS, para visitar, en este último lugar, una iglesia que sorprende por parecer transplantada desde tierras valencianas. Fundada por un hijo de Molacillos que llegó a ser arzobispo de Valencia, el templo se construyó en estilo barroco al modo valenciano. En su interior se muestran retablos también barrocos, pinturas y decoración de estilo rococó, y la estatua orante del fundador.
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